martes, 3 de abril de 2007

NUESTRO DESAFÍO EN EL PRESENTE

El legado histórico de Leftraru


Al igual que en el pasado, la energía para emprender y la fortaleza de espíritu para enfrentar los desafíos del momento histórico, son elementos que nos deben movilizar. Fuerza para argumentar, proponer y construir. También para defender y resistir. Las cualidades del Kimche, del Norche, del Kümeche y el Newenche, cultivadas por nuestros ancestros, se vieron reflejadas en la personalidad de Leftraru.


Por Gustavo QUILAQUEO* / Miércoles 4 de Abril de 2007


- Bandera Nacional Mapuche. Foto de Archivo.





La historiografía chilena y las instituciones castrenses ha tendido a sobre destacar el legado militar de Leftraru.

Forjar espacios de unidad y encuentro. He allí nuestro principal homenaje. He allí nuestra principal tarea política.


Todo nuestro pueblo y sus dirigentes, orgullosos de su pasado, conscientes y comprometidos con los objetivos que nos depara el futuro, debemos ser capaces de responder al momento histórico que nos toca enfrentar. Y cuando conmemoramos 450 años de la muerte en batalla de Leftraru corresponde a los mapuche del presente, tanto de manera individual como colectiva, es decir, al movimiento mapuche organizado en su conjunto, asumir el gran desafío de interpretar y proyectar el “ideario” de uno de nuestros héroes nacionales más destacados.

Recuperar el sitial que merece en nuestra memoria histórica, sacarlo de la parafernalia interesada del estado que lo ubica en su pléyade de “héroes chilenos” en los textos de historia y en sus celebraciones folclorizadas, es el primer paso para reapropiarnos de la figura de nuestro principal líder y constructor. Se trata de un acto simbólico, pero cargado de política, al igual como lo ha sido, para quienes nos consideramos nacionalistas, reconocer en la bandera mapuche forjada en los 90' un elemento de unidad al que todos y todas debiéramos adscribir de manera explicita y definitiva en algún momento.

En esta fecha histórica, igual o más importante es avanzar en un segundo paso. A la luz de una interpretación autocrítica de nuestro pasado, debemos sacar aprendizajes y/o lecciones que nos permitan ir construyendo las bases de un modelo de sociedad más justo y democrático, a la par de avanzar en la titánica tarea de recuperar el ejercicio de nuestros derechos fundamentales como pueblo. Hace casi cinco siglos, a la hora de enfrentar una disyuntiva tan crucial para el futuro de su pueblo, nuestro pueblo, Leftraru y sus contemporáneos tuvieron la inteligencia, la fuerza y la sabiduría para frenar el avance del poderoso imperio español. ¿Seremos acaso dignos herederos de tal epopeya?

La historiografía chilena y las instituciones castrenses ha tendido a sobre destacar - siempre de manera instrumental - el legado militar de Leftraru, Kalfulikan, Lientur y otros tantos padres de nuestra Patria. Lo hicieron en los albores de la República de Chile, como una forma de otorgar sustento “ideológico” y “capital simbólico” a una lucha de emancipación del yugo hispano que no pasaría de ser un reacomodo interno de grupos de poder. Y lo han vuelto a hacer en los últimos años, esta vez las autoridades de gobierno, como una forma de sustentar con “antecedentes históricos” el carácter rebelde, belicoso y, ¿violento?, de nuestros líderes históricos. Por tanto, de la sociedad mapuche en su conjunto.

Surge entonces la pregunta ¿cuál es el legado de Leftraru que nos toca reivindicar a los mapuche? Muy poco de un pasado militar al cual las circunstancias forzaron a nuestros antepasados y mucho de un pasado plagado de sacrificio, inteligencia y altura de miras. Nos corresponde, a través del valor de la sabiduría que caracterizó a Leftraru, entender e interpretar hoy lo que sucede a nuestro alrededor. Conocer las habilidades del otro, explorar sus conocimientos, aprender de sus técnicas y valorar nuestras capacidades, propias e incorporadas, sin dejar nunca de ser capaces de reconocer nuestras limitaciones. Tener la inteligencia para recurrir a múltiples fórmulas y estrategias de lucha. Y poseer la generosidad política para aceptarlo.

Al igual que en el pasado, la rectitud y la seriedad para respetar los acuerdos tomados y, pese a las legítimas diferencias avanzar en los compromisos contraídos, debe constituir práctica cotidiana en nuestro accionar como organizaciones políticas y comunidades. Honrar la palabra empeñada en lo público y en el actuar. Cultivar una actitud positiva, constructiva respecto del trabajo y los esfuerzos de otros, resulta clave a la hora de querer honrar debidamente la memoria de nuestros antiguos. En vez de descalificarnos o restar valor a una propuesta por egoísmo o ansias de un protagonismo exacerbado, reconozcamos el valor y la fuerza que significa resistir unidos, coordinados, frente a un estado y grupos económicos que operan con la misma lógica a la hora de dominar.

Al igual que en el pasado, la energía para emprender y la fortaleza de espíritu para enfrentar los desafíos del momento histórico, son elementos que nos deben movilizar. Fuerza para argumentar, proponer y construir. También para defender y resistir. Las cualidades del Kimche, del Norche, del Kümeche y el Newenche, cultivadas por nuestros ancestros, se vieron reflejadas en la personalidad de Leftraru, quien junto con ser un gran estratega militar, tuvo la capacidad para hacer confluir tras de si los anhelos de libertad de todo un pueblo. De toda una nación. Hoy somos muchos y diversos los responsables de conducir a nuestro pueblo hacia su liberación. Forjar espacios de unidad y encuentro. He allí nuestro principal homenaje. He allí nuestra principal tarea política / Azkintuwe

* Presidente de la organización Wallmapuwen.



Kolectivo We Newen

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